1:27 PM on Tuesday 21st February 2012
Desentierran un fruto de 30.000 años y lo hacen florecer
Un equipo de investigadores rusos ha revivido una planta con flores fértiles a partir de tejidos de un fruto de 30.000 años de antigüedad enterrados en el hielo siberiano. La investigación aparece publicada en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. (PNAS).
Estamos acostumbrados a una búsqueda en lo profundo inspirada por la arqueología que hasta el momento representaba el “desentierro” de lo muerto pasado. Pero ahora la arqueología criogénetica viene representar el desentierro de lo vivo futuro.
Cuando nombrábamos al lago Volstok como “la llave para dar a conocer lo desconocido” justamente nos referimos a estas cosas. Las capas de hielo más profundas del planeta que albergan aún vida y son la puerta de entrada a comprender el universo de la tierra. La arqueología viva.

El permafrost -una capa de hielo de varios cientos de metros de profundidad y que cubre casi el 20% de la superficie de la Tierra- alberga restos de una gran cantidad de microorganismos viables, muchos de los cuales han sido revividos por los investigadores. Hasta hace poco, sin embargo, no se habían encontrado en esos depósitos restos viables de plantas con flores.
Lo interesante del estudio de organismos capaces de sobrevivir en las temperaturas más bajas, es la motivación que genera a este tipo de búsquedas en las capas congeladas que puedan encontrarse en Marte o la Luna.

David Gilichinsky ( falleció el 18 febrero 2012) y sus colegas del Instituto de Problemas Biológicos en Moscú desenterraron del permafrost los frutos y semillas de unas plantas herbáceas, Silene stenophylla, que florecían en el Pleistoceno.
Los frutos se encontraban en las madrigeras de una especie de ardilla ártica, en un banco del río Kolyma en el noreste de Siberia. Los sedimentos, conservados a una profundidad de 38 metros, a temperaturas bajo cero, tenían unos 30.000 años, según el análisis de datación por radiocarbono realizado por los autores.

Al parecer, las plantas se congelaron rápidamente y se conservaron intactas. A través del cultivo de tejidos y micropropagación, los autores regeneraron las plantas fértiles, que florecieron un año más tarde en macetas de laboratorio.
Según los autores, los sedimentos del permafrost podrían representar una fuente rica de especies de plantas silvestres y la reserva de genes antiguos que siempre se creyeron extinguidos

